
El hijo de Dios duda de su misión. ¿Encontrará la solución en el manicomio donde apareció?
Jesús llega a un hospital psiquiátrico después de pasar 2 mil años recorriendo las calles del mundo. Es el único cuerdo en un sitio de locos, sin embargo está destrozado, sucio, agotado de tener que subir cada año a la cruz en un ritual doloroso y cruel. Está en conflicto consigo mismo y con su misión.
Este es el Jesús de Juan Radrigán, dramaturgo que una vez más nos remece con sus montajes donde despliega los grandes temas y preguntas esenciales. Esta vez usa al hijo para hablar del padre, esa figura que lo abarca todo, ejerce su poder y hace mandatos. Da igual si vive en una choza, una mansión o las alturas del cielo.




