
Hanako enloquece esperando a su amado Yoshio. Cada día aguarda por él en la estación de trenes; en la mano trae el abanico que el hombre le dejara como prueba de su amor a cambio del suyo como manifiesto de la espera.
La pintora Jitsuko hospeda a Hanako en su casa, en ella encuentra el modelo perfecto, admirando el dolor pulcro encarnado en la espera. Aquella mañana el periódico publicó una nota sobre una hermosa loca en la estación de trenes. Jitsuko, temiendo que Yoshio encuentre a Hanako, planea la huida de ambas, solo el viaje puede alejar el encuentro.




