
El príncipe Felipe, heredero del trono, encuentra durante un paseo a esta muchacha desprovista de encanto… de atractivo: Ivonne es desmañada, apática, tímida, miedosa y aburrida. Desde el primer momento, el príncipe no puede aguantarla, lo irrita; pero, al mismo tiempo, no puede soportar el verse obligado a detestar a la desdichada Ivonne.
Todo su ser se rebela contra las leyes de la naturaleza que obligan a los jóvenes a amar tan sólo a las mujeres bonitas: “¡Yo me caso y punto!” Lanza un desafío a las leyes de la naturaleza y se compromete con Ivonne.
Introducida en la corte real como novia del príncipe, Ivonne se convierte en un factor de descomposición. La presencia muda, amedrentada, de sus múltiples carencias revela a cada uno sus propias deficiencias, sus propios vicios, sus propias indignidades…




